Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio nació
en Bueno Aires el 30 de marzo de 1793 en el seno de una de las familias más
acomodadas de la capital del Virreinato del Rio de la Plata. Se crio más cerca
que lejos de los sectores populares, especialmente en el campo donde exhibirá sus
tempranos dotes rurales. Fue el primogénito de 20 hermanos. Su niñez estuvo signada
por la severidad materna y la vida campestre que dejaran en él un profundo registro
que lo marcara de por vida. Aprendió sus primeras letras en la casa hasta que
al cumplir los 8 años comenzó a estudiar en un establecimiento privado dirigido
por Francisco Javier Argerich. La formación institucional duraría un año, pues
para entonces, quien ya tenía predestinado un lugar en los negocios familiares
y en la política, solo necesitaba saber la vida rural y sus labores para ponerse
a la cabeza de la administración de la estancia. Tenía 13 años, en 1806, cuando
se unió a una compañía de niños en el regimiento de Migueletes cuya misión era
colaborar con la reposición de las municiones durante la primera invasión
inglesa. Una año más tarde, durante la segunda, será voluntario del Cuarto Escuadrón
del Regimiento de Caballería Migueletes, donde alcanzo el grado de alférez. En
los siguientes años, se mantendrá alejado de la convulsionada escena política criolla,
circunscribiendo sus actividades a la administración de los campos familiares. En
1813 contrajo enlace con una joven de 18 años, Encarnación Ezcurra y Arguibel, también
perteneciente a una tradicional y acaudalada familia, con la cual tendrá 3
hijos, de los cuales una murió al poco tiempo de nacer. Encarnación se destaco
por su temple y férrea voluntad, la que puso al servicio de los intereses económicos
y políticos de su marido. Hacía tres años que el proceso emancipador se había establecido
definitivamente en el Plata siendo depuestas las autoridades españolas. No obstante
la Asamblea de 1813 concluyo sin declarar la independencia ni adoptar una constitución.
Por ese entonces, Rosas abandono la estancia familiar, rehusando a aceptar la
herencia que le correspondía, y se asocio con Terrero incursionando en el
negocio del saladero de carne y acopio de cueros. Dos años más tarde, se suma
un nuevo socio, Dorrego, y poco después fundara el saladero las Higueritas en
Quilmes. También administrara los campos de sus primos Anchorena. Sus iniciativas
se fundaban en una solida base: las crecientes exportaciones de carnes saladas
que tanta demanda tenían desde Brasil y Cuba. Con esto, junto una rápida y
abundante fortuna, chocando en 1817 con un gran problema: cuando la exportación
de carne empezó a dejar poco y nada para el consumo interno, el director
supremo Pueyrredon, ordeno dar prioridad al mercado local. Rosas y sus socios,
dirigieron entonces sus recursos a la compra de grandes extensiones de tierra
para aumentar la producción. En los siguientes años sus propiedades se
extendieron más hacia el sur. Por esos años, escribió sus famosas “instrucciones
a los mayordomos de estancias” en el que señalaba las responsabilidades
correspondientes a los administradores, capataces y peones. Se notaba en su
escrito la capacidad de un hombre que dominaba a sus anchas el mundo rural, con
gran capacidad para administrar bienes y gentes, brillando sus primitivas
cualidades de caudillo. La amenaza creciente de los malones impulso la creación
de una sociedad de labradores y hacendados que con recursos económicos y
hombres, apoyo las expediciones militares contra el indio que permitió el
corrimiento de la frontera sur. Él mismo creara una fuerza de autodefensa, una
poderosa milicia conocida como los Colorados del Monte, tropa ejemplarmente disciplinada
y totalmente fiel a su líder.
Hasta 1820, Rosas se empleo a fondo en sus actividades económicas.
No obstante otros conflictos lo forzaran a enfocarse en la política. Conflictos
entre Buenos Aires y las provincias, en ocasiones entre estas mismas, y
posteriormente entre unitarios y federales arrasaron el territorio con
situaciones que hundieron a unos y otros en agudas crisis políticas y económicas.
Hacia 1820, uno de los mayores frentes de conflictos lo constituyo el
enfrentamiento entre Buenos Aires y los caudillos de Santa Fe, Estanislao López,
y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, quienes eran aliados de Artigas, líder de
la banda oriental. Los caudillos rechazaron la constitución de 1819 inspirada
por Buenos Aires y reclamaron su autonomía. La batalla de Cepeda dio la
victoria a los caudillos y la caída del director supremo, Rondeau. El nuevo
gobierno provincial de Buenos Aires firmo tratados de no beligerancia entre las
partes pero la anarquía termino imponiéndose sin que nadie pudiera ponerle fin.
Luego de la firma del Tratado del Pilar, Dorrego, electo gobernador de 1820, y
su comandante militar Martin Rodríguez, acudieron a los estancieros del sur
para frenar el avance del litoral. Viendo sus intereses amenazados, Rosas
organizo una tropa de 500 hombres disciplinados. Dorrego fue derrotado en la
batalla de Gamonal dejando la gobernación en manos de Rodríguez con el aval de Rosas.
Poco después, en octubre de 1820, un intento de rebelión contra Rodríguez por
parte del Coronel Pagola, volvería a convocar a Rosas a la batalla logrando un
amplio triunfo sobre los rebeldes, con lo cual la actuación en política del
ahora Coronel Rosas, quedo coronada y sus milicias incorporadas al sostenimiento
del orden. La disputa con los caudillos del litoral quedo saldada con el
Tratado de Benegas del que el propio Rosas fue garante permitiendo un periodo
de prosperidad a Buenos Aires y Rosas , que contaba con un puerto exportador
propio, el de ensenada, entre 1821 y 1824, aumento considerablemente sus propiedades
rurales, a la vez que reforzó las fronteras con el indio. Poco después fue
nombrado Comandante de los Ejércitos de Campaña, a fin de mantener pacificada
las fronteras del sur, consolidándose aun mas como un respetado líder militar. Tras
la convocatoria al Congreso General Constituyente en 1824, con mayoría porteña,
las diferencias entre Bs.As. Y las provincias tendrán una nueva identidad: unitarios
y federales. Rosas se identificaran con los segundos. Entre 1824 y 1827, se pondrá
en marcha un ensayo unitario de organización nacional en el marco dado por los
conflictos internos y la guerra con Brasil. En 1826, Rivadavia asume como
primer presidente. En 1827, Dorrego acepto
el reconocimiento de la soberanía imperial sobre la Banda Oriental, lo que
provoco el 1ro de diciembre de 1828 el alzamiento del general unitario Lavalle
quien se hizo nombrar gobernador. Dorrego marcho hacia Santa Fe donde fue
fusilado por Lavalle. Mientras tanto Rosas organizo rebeliones populares contra
Lavalle, quien derrotado y aislado pacto eligiéndose a Viamonte como gobernador
provisorio. En diciembre de 1829, la Legislatura impulso la elección de Rosas
como gobernador. Rosas fueron investidas el 6 de diciembre por 33 votos contra
1 con el cargo de gobernador Restaurador de las Leyes e Instituciones de la
Provincia de Buenos Aires. Como primer acción del gobierno, Rosas considero que
debía mantenerse la unión de las provincias conseguida en enero de 1831 tras la
firma del Pacto Federal, impulsado por Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, al
que más tarde se sumo Corrientes. Frente a los federales, se alzo la Liga
Unitaria dirigida por el Gral. José María Paz, que había ocupado Córdoba y
tenia control de cuyo y el norte. El país quedo divido en dos grandes bloques:
las provincias del litoral y Buenos Aires, federales y otras nueve provincias
unitarias. Paz era más débil que Rosas. Su ejerció no tenía ni las provisiones
ni la disciplina que este impuso al suyo y fue perdiendo capacidad para
mantener una guerra extensa. Hecho prisionero, su sucesor Araoz de Lamadrid fue
vencido por Quiroga en Tucumán y Rosas y su Liga Federal se alzaron con el
triunfo sobre los unitarios. Tres años después de haber asumido como gobernador,
Rosas habían vencido a sus enemigos y añadido nuevos aliados a la Liga Federal,
como Córdoba, Santiago del Estero y la Rioja, y pacificado la provincia de
Buenos Aires pactando alianzas con los indios. Además promovió la fundación de
nuevas colonias y reglamento la autoridad de los jueces de paz de los pueblos
del interior.
El 17 de diciembre de 1832, Rosas culmino su mandato y fue
reemplazado por Balcarce. Creyó entonces oportuno ocuparse de un tema central
para la provincia y sus propios negocios: la campaña contra el indio en dirección
al rio colorado. Como consecuencia de su capacidad de negociación con las tribus, pacto la paz e incorporo casi
tres mil leguas de tierra para la explotación ganadera. Rosas y Encarnación
conformaron dentro del Partido Federal porteño, una fracción conocida como los apostólicos
opuestos a los doctrinarios. Con el proceso de renovación de la legislatura, en
abril de 1833, el enfrentamiento entre los dos sectores se multiplico. La fuerza
de choque de la Sociedad Popular Restauradora fue popularmente conocida como La
Mazorca. Los enfrentamientos se reflejaron en los periódicos de uno y otro bando,
y cuando el gobierno se decidió actuar contra alguno de estos periódicos, los apostólicos
por medio de el diario “El Restaurador de las Leyes”, convencieron a sus
seguidores de que se trataba a enjuiciar a Rosas por lo que los seguidores de
Rosas en unión a una tropa al mando del Gral. Pinedo, sitiaron la ciudad. El 3
de noviembre de 1833, la Legislatura dio por renunciado al gobernador y nombro
en su lugar a Viamonte, quien renuncio a los 6 meses. En cada crisis la
Legislatura otorgo a Rosas la opción de asumir como gobernador, pero este
desestimo la oferta mientras no le dieran facultades extraordinarias. En el ínterin,
Quiroga será asesinado provocando la renuncia de Maza, sucesor de Viamonte, el
7 de marzo de 1835. En ese contexto, Rosas emergió como el único capaz de
enfrentar las diversas crisis que sobrevolaban el territorio nacional. La Sala
de Representantes le ofrece la suma del poder público con las restricciones de
proteger la religión Católica Apostólica Romana, sostener la causa nacional de
la Federación y que el ejercicio de este poder extraordinario duraría todo lo
que el gobernador considere necesario. El 13 de abril de 1835, Rosas aceptan
retornar al poder. Por medio de poderosos decretos firmados entre el 13 y el 30
de abril de 1835, Rosas encaro una autentica limpieza en la administración y el
ejército, reemplazando a los funcionarios del gobierno anterior por partidarios
de inocultable fidelidad. Federación o Muerte fue el lema del nuevo gobierno,
identificando a los propios con la divisa color rojo punzó. La consigna ¡mueran
los salvajes unitarios! Se convirtió en un hecho dramático oficial en manos de
La Mazorca y el exilio en Chile y Montevideo constituyo un refugio para cientos
de opositores, convirtiéndose en 1842 en encabezamiento de los documentos
oficiales. Los altares de las iglesias contaban con pinturas del gobernador y
cuando los jesuitas se opusieron a esto, se ganaron el hostigamiento de La
Mazorca. La Mazorca estaba compuesta por diez mil a 16 mil soldados, sin
estructura profesional, a lo que se sumaban las milicias a unos menos
profesionales llevando la cantidad de hombres en armas partidarios del gobierno
a unos treinta mil. El nuevo gobierno, tenía características proteccionistas
estableciendo el 18 de diciembre de 1835 la Ley de Aduanas, que impedía la penetración
de manufacturas extranjeras resguardando los productos de las provincias. Su política
económica y financiera incluirá la liquidación del Banco Nacional, la creación
de la Casa de Moneda de la provincia, el recorte de gastos públicos y el cobro
de impuestos. La educación sufrirá el recorte de gastos públicos. La ganadería continúo
constituyendo la más importante actividad económica, sumándose a las
exportaciones de carnes saladas, las de cuero y lanas. Las industrias urbanas
eran pocas y de poca envergadura. En 1836, un censo oficial daba cuenta de solo
121 fábricas. A esto se sumaban poco más de 300 talleres. Rosas se diferenciaran
de los unitarios por su reivindicación de la Iglesia Católica. El 19 de octubre
de 1838, Encarnación moría a los 43 años. La Mazorca impulso el luto
obligatorio que se extendió hasta 1840.
Rosas debía abandonar el poder de 1840, sin embargo se perpetuo
por más de una década. El mecanismo empleado por Rosas lo va a eximir de una
formal fachada dictatorial, recayendo la responsabilidad de su eternización de
su poder en el clamor popular. En 1839 se circularon peticiones pidiendo la reelección
del restaurador. La Sala de Representantes le pidió que permanezca en el cargo
por un nuevo periodo, lo que Rosas declino, solo aceptando continuar en el
cargo 6 meses más debido al bloqueo francés al puerto porteño. La invasión de
Lavalle a la provincia de Buenos Aires, duplicara ese periodo extra. Entre 1838
y 1842, Rosas enfrento una serie de movimientos rebeldes alentados por el
primer bloqueo francés. Uno a uno, estos intentos fueron sofocados, mientras
que Rosas, en cambio, consolido su autoridad. Los unitarios se había reorganizado
y contralaban los gobiernos de Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca. Rosas vio
entonces a Lamadrid para reprimir la rebeldía, pero este se unió a los
rebeldes. La Coalición del Norte, que también atrajo al gobernador de la Rioja,
invadió Córdoba a fines de 1840 y fracasaron en San Luis y Mendoza. Mientras Lavalle
invadió Entre Ríos y se dirigió a Merlo, Buenos Aires, esperando el apoyo de
esta provincia. Sin embargo la provincia apoyo a Rosas, y Lavalle se retiro
hasta Santa Fe, siguiendo luego al norte donde fue derrotado en Córdoba y Tucumán.
Se refugió en Jujuy, donde murió. La Coalición del Norte quedaba sepultada,
manteniendo solo un enclave triunfante en Corrientes que se volverá a levantar
contra Rosas en 1843 y serán vencidos por el nuevo gobernador de Entre Ríos,
Urquiza. Los intentos para derrocar a Rosas incluían también los atentados
personales. Desde 1849 la situación del país vario notablemente. Con los
levantamientos unitarios y los bloqueos anglo-franceses derrotados, el país quedo
bajo el control de Rosas. No obstante, este sería el ocaso del rosismo. La búsqueda
de un orden institucional del país constituyo la mayor predica de los
opositores, desde Alberdi hasta Sarmiento, y Rosas el obstáculo a vencer. El desarrollo
de Entre Ríos bajo la gobernación de Urquiza, fue notable y su gobernador fue
con los años tanto o más poderoso que el propio Rosas. A fines de 1850, Rosas
ordeno a Urquiza terminar con el contrabando desde y hacia Montevideo,
afectando la economía entrerriana que no estaba dispuesta a dejar parte de sus
ingresos en la aduana de Buenos Aires. Urquiza preparo sus fuerzas negociando
con la provincia de Corrientes y con el
Brasil, quien se comprometió a costear la guerra y transportar las tropas en
sus buques. La ruptura definitiva será durante un ritual rosista. Cada año
Rosas presentaba su renuncia al manejo de las relaciones exteriores de la Confederación
Argentina, la que era contestada con una negativa. El primero de mayo de 1852,
Urquiza acepta la renuncia de Rosas y asume en nombre de Entre Ríos el derecho
de pactar con cualquier nación. Este hecho, conocido como el pronunciamiento,
precipito la guerra. Sin embargo, esta vez el ejército de Rosas era débil y el
tres de febrero de 1852, la derrota de Rosas en la Batalla de Caseros, lleva a
su renuncia. El 16 de febrero de 1852, Urquiza le confisca todas sus propiedades,
iniciándose una casería terrorífica de antiguos rosistas. Tras la derrota,
Rosas parte al exilio en un buque ingles de guerra y se establece en una granja
en las afueras de Southampton, donde crio vacas y animales de granja. En 1859,
llegara a Londres su hija Manuelita junto a su esposo Máximo Terrero. Su estado
financiero sostenido gracias a la venta de la estancia San Martin y los
recursos que unos pocos amigos le enviaban, naufrago con los años y apenas le alcanzaba
para las rentas: la austeridad será un tono dominante. Su participación en la política
argentina no será relevante, limitándose al intercambio pistolas con viejos y
fieles seguidores y a ocasionales intervenciones aconsejando a las nuevas
figuras políticas que surgieron en las décadas siguientes. La muerte le llegara
el 14 de marzo de 1877, a los 84 años, acompañado por su hija Manuelita y dos
nietos. Su entierro será modesto: el féretro exhibirá una bandera argentina y
el sable que San Martin le obsequio por la defensa que hizo por la soberanía. En
Buenos Aires la noticia no causo revuelo.
En mi opinión, Rosas fue una figura discutida de la historia
nacional por un lado no se puede negar que sus fines eran patrióticos mientras
por otro, sus métodos tal vez no fueran los más convenientes. Es esta dualidad
lo que lo hace discutido. Sin embargo, no dejamos de apreciar su impecable
defensa de la soberanía nacional que le fuera reconocida por el padre de la
patria, el Gral. San Martin, quien le otorgo su sable. Su gobierno trajo
prosperidad y paz en un momento en el que otros modos, tal vez no lo hubieran conseguido.
A diferencia de muchos políticos, Rosas llego al poder rico y murió pobre, no
dudando jamás de usar su propio dinero para el bien de la patria.