domingo, 28 de agosto de 2016

Juan Manuel de Rosas

Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio nació en Bueno Aires el 30 de marzo de 1793 en el seno de una de las familias más acomodadas de la capital del Virreinato del Rio de la Plata. Se crio más cerca que lejos de los sectores populares, especialmente en el campo donde exhibirá sus tempranos dotes rurales. Fue el primogénito de 20 hermanos. Su niñez estuvo signada por la severidad materna y la vida campestre que dejaran en él un profundo registro que lo marcara de por vida. Aprendió sus primeras letras en la casa hasta que al cumplir los 8 años comenzó a estudiar en un establecimiento privado dirigido por Francisco Javier Argerich. La formación institucional duraría un año, pues para entonces, quien ya tenía predestinado un lugar en los negocios familiares y en la política, solo necesitaba saber la vida rural y sus labores para ponerse a la cabeza de la administración de la estancia. Tenía 13 años, en 1806, cuando se unió a una compañía de niños en el regimiento de Migueletes cuya misión era colaborar con la reposición de las municiones durante la primera invasión inglesa. Una año más tarde, durante la segunda, será voluntario del Cuarto Escuadrón del Regimiento de Caballería Migueletes, donde alcanzo el grado de alférez. En los siguientes años, se mantendrá alejado de la convulsionada escena política criolla, circunscribiendo sus actividades a la administración de los campos familiares. En 1813 contrajo enlace con una joven de 18 años, Encarnación Ezcurra y Arguibel, también perteneciente a una tradicional y acaudalada familia, con la cual tendrá 3 hijos, de los cuales una murió al poco tiempo de nacer. Encarnación se destaco por su temple y férrea voluntad, la que puso al servicio de los intereses económicos y políticos de su marido. Hacía tres años que el proceso emancipador se había establecido definitivamente en el Plata siendo depuestas las autoridades españolas. No obstante la Asamblea de 1813 concluyo sin declarar la independencia ni adoptar una constitución. Por ese entonces, Rosas abandono la estancia familiar, rehusando a aceptar la herencia que le correspondía, y se asocio con Terrero incursionando en el negocio del saladero de carne y acopio de cueros. Dos años más tarde, se suma un nuevo socio, Dorrego, y poco después fundara el saladero las Higueritas en Quilmes. También administrara los campos de sus primos Anchorena. Sus iniciativas se fundaban en una solida base: las crecientes exportaciones de carnes saladas que tanta demanda tenían desde Brasil y Cuba. Con esto, junto una rápida y abundante fortuna, chocando en 1817 con un gran problema: cuando la exportación de carne empezó a dejar poco y nada para el consumo interno, el director supremo Pueyrredon, ordeno dar prioridad al mercado local. Rosas y sus socios, dirigieron entonces sus recursos a la compra de grandes extensiones de tierra para aumentar la producción. En los siguientes años sus propiedades se extendieron más hacia el sur. Por esos años, escribió sus famosas “instrucciones a los mayordomos de estancias” en el que señalaba las responsabilidades correspondientes a los administradores, capataces y peones. Se notaba en su escrito la capacidad de un hombre que dominaba a sus anchas el mundo rural, con gran capacidad para administrar bienes y gentes, brillando sus primitivas cualidades de caudillo. La amenaza creciente de los malones impulso la creación de una sociedad de labradores y hacendados que con recursos económicos y hombres, apoyo las expediciones militares contra el indio que permitió el corrimiento de la frontera sur. Él mismo creara una fuerza de autodefensa, una poderosa milicia conocida como los Colorados del Monte, tropa ejemplarmente disciplinada y totalmente fiel a su líder.
Hasta 1820, Rosas se empleo a fondo en sus actividades económicas. No obstante otros conflictos lo forzaran a enfocarse en la política. Conflictos entre Buenos Aires y las provincias, en ocasiones entre estas mismas, y posteriormente entre unitarios y federales arrasaron el territorio con situaciones que hundieron a unos y otros en agudas crisis políticas y económicas. Hacia 1820, uno de los mayores frentes de conflictos lo constituyo el enfrentamiento entre Buenos Aires y los caudillos de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, quienes eran aliados de Artigas, líder de la banda oriental. Los caudillos rechazaron la constitución de 1819 inspirada por Buenos Aires y reclamaron su autonomía. La batalla de Cepeda dio la victoria a los caudillos y la caída del director supremo, Rondeau. El nuevo gobierno provincial de Buenos Aires firmo tratados de no beligerancia entre las partes pero la anarquía termino imponiéndose sin que nadie pudiera ponerle fin. Luego de la firma del Tratado del Pilar, Dorrego, electo gobernador de 1820, y su comandante militar Martin Rodríguez, acudieron a los estancieros del sur para frenar el avance del litoral. Viendo sus intereses amenazados, Rosas organizo una tropa de 500 hombres disciplinados. Dorrego fue derrotado en la batalla de Gamonal dejando la gobernación en manos de Rodríguez con el aval de Rosas. Poco después, en octubre de 1820, un intento de rebelión contra Rodríguez por parte del Coronel Pagola, volvería a convocar a Rosas a la batalla logrando un amplio triunfo sobre los rebeldes, con lo cual la actuación en política del ahora Coronel Rosas, quedo coronada y sus milicias incorporadas al sostenimiento del orden. La disputa con los caudillos del litoral quedo saldada con el Tratado de Benegas del que el propio Rosas fue garante permitiendo un periodo de prosperidad a Buenos Aires y Rosas , que contaba con un puerto exportador propio, el de ensenada, entre 1821 y 1824, aumento considerablemente sus propiedades rurales, a la vez que reforzó las fronteras con el indio. Poco después fue nombrado Comandante de los Ejércitos de Campaña, a fin de mantener pacificada las fronteras del sur, consolidándose aun mas como un respetado líder militar. Tras la convocatoria al Congreso General Constituyente en 1824, con mayoría porteña, las diferencias entre Bs.As. Y las provincias tendrán una nueva identidad: unitarios y federales. Rosas se identificaran con los segundos. Entre 1824 y 1827, se pondrá en marcha un ensayo unitario de organización nacional en el marco dado por los conflictos internos y la guerra con Brasil. En 1826, Rivadavia asume como primer presidente. En 1827, Dorrego  acepto el reconocimiento de la soberanía imperial sobre la Banda Oriental, lo que provoco el 1ro de diciembre de 1828 el alzamiento del general unitario Lavalle quien se hizo nombrar gobernador. Dorrego marcho hacia Santa Fe donde fue fusilado por Lavalle. Mientras tanto Rosas organizo rebeliones populares contra Lavalle, quien derrotado y aislado pacto eligiéndose a Viamonte como gobernador provisorio. En diciembre de 1829, la Legislatura impulso la elección de Rosas como gobernador. Rosas fueron investidas el 6 de diciembre por 33 votos contra 1 con el cargo de gobernador Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires. Como primer acción del gobierno, Rosas considero que debía mantenerse la unión de las provincias conseguida en enero de 1831 tras la firma del Pacto Federal, impulsado por Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, al que más tarde se sumo Corrientes. Frente a los federales, se alzo la Liga Unitaria dirigida por el Gral. José María Paz, que había ocupado Córdoba y tenia control de cuyo y el norte. El país quedo divido en dos grandes bloques: las provincias del litoral y Buenos Aires, federales y otras nueve provincias unitarias. Paz era más débil que Rosas. Su ejerció no tenía ni las provisiones ni la disciplina que este impuso al suyo y fue perdiendo capacidad para mantener una guerra extensa. Hecho prisionero, su sucesor Araoz de Lamadrid fue vencido por Quiroga en Tucumán y Rosas y su Liga Federal se alzaron con el triunfo sobre los unitarios. Tres años después de haber asumido como gobernador, Rosas habían vencido a sus enemigos y añadido nuevos aliados a la Liga Federal, como Córdoba, Santiago del Estero y la Rioja, y pacificado la provincia de Buenos Aires pactando alianzas con los indios. Además promovió la fundación de nuevas colonias y reglamento la autoridad de los jueces de paz de los pueblos del interior.
El 17 de diciembre de 1832, Rosas culmino su mandato y fue reemplazado por Balcarce. Creyó entonces oportuno ocuparse de un tema central para la provincia y sus propios negocios: la campaña contra el indio en dirección al rio colorado. Como consecuencia de su capacidad de negociación  con las tribus, pacto la paz e incorporo casi tres mil leguas de tierra para la explotación ganadera. Rosas y Encarnación conformaron dentro del Partido Federal porteño, una fracción conocida como los apostólicos opuestos a los doctrinarios. Con el proceso de renovación de la legislatura, en abril de 1833, el enfrentamiento entre los dos sectores se multiplico. La fuerza de choque de la Sociedad Popular Restauradora fue popularmente conocida como La Mazorca. Los enfrentamientos se reflejaron en los periódicos de uno y otro bando, y cuando el gobierno se decidió actuar contra alguno de estos periódicos, los apostólicos por medio de el diario “El Restaurador de las Leyes”, convencieron a sus seguidores de que se trataba a enjuiciar a Rosas por lo que los seguidores de Rosas en unión a una tropa al mando del Gral. Pinedo, sitiaron la ciudad. El 3 de noviembre de 1833, la Legislatura dio por renunciado al gobernador y nombro en su lugar a Viamonte, quien renuncio a los 6 meses. En cada crisis la Legislatura otorgo a Rosas la opción de asumir como gobernador, pero este desestimo la oferta mientras no le dieran facultades extraordinarias. En el ínterin, Quiroga será asesinado provocando la renuncia de Maza, sucesor de Viamonte, el 7 de marzo de 1835. En ese contexto, Rosas emergió como el único capaz de enfrentar las diversas crisis que sobrevolaban el territorio nacional. La Sala de Representantes le ofrece la suma del poder público con las restricciones de proteger la religión Católica Apostólica Romana, sostener la causa nacional de la Federación y que el ejercicio de este poder extraordinario duraría todo lo que el gobernador considere necesario. El 13 de abril de 1835, Rosas aceptan retornar al poder. Por medio de poderosos decretos firmados entre el 13 y el 30 de abril de 1835, Rosas encaro una autentica limpieza en la administración y el ejército, reemplazando a los funcionarios del gobierno anterior por partidarios de inocultable fidelidad. Federación o Muerte fue el lema del nuevo gobierno, identificando a los propios con la divisa color rojo punzó. La consigna ¡mueran los salvajes unitarios! Se convirtió en un hecho dramático oficial en manos de La Mazorca y el exilio en Chile y Montevideo constituyo un refugio para cientos de opositores, convirtiéndose en 1842 en encabezamiento de los documentos oficiales. Los altares de las iglesias contaban con pinturas del gobernador y cuando los jesuitas se opusieron a esto, se ganaron el hostigamiento de La Mazorca. La Mazorca estaba compuesta por diez mil a 16 mil soldados, sin estructura profesional, a lo que se sumaban las milicias a unos menos profesionales llevando la cantidad de hombres en armas partidarios del gobierno a unos treinta mil. El nuevo gobierno, tenía características proteccionistas estableciendo el 18 de diciembre de 1835 la Ley de Aduanas, que impedía la penetración de manufacturas extranjeras resguardando los productos de las provincias. Su política económica y financiera incluirá la liquidación del Banco Nacional, la creación de la Casa de Moneda de la provincia, el recorte de gastos públicos y el cobro de impuestos. La educación sufrirá el recorte de gastos públicos. La ganadería continúo constituyendo la más importante actividad económica, sumándose a las exportaciones de carnes saladas, las de cuero y lanas. Las industrias urbanas eran pocas y de poca envergadura. En 1836, un censo oficial daba cuenta de solo 121 fábricas. A esto se sumaban poco más de 300 talleres. Rosas se diferenciaran de los unitarios por su reivindicación de la Iglesia Católica. El 19 de octubre de 1838, Encarnación moría a los 43 años. La Mazorca impulso el luto obligatorio que se extendió hasta 1840.
Rosas debía abandonar el poder de 1840, sin embargo se perpetuo por más de una década. El mecanismo empleado por Rosas lo va a eximir de una formal fachada dictatorial, recayendo la responsabilidad de su eternización de su poder en el clamor popular. En 1839 se circularon peticiones pidiendo la reelección del restaurador. La Sala de Representantes le pidió que permanezca en el cargo por un nuevo periodo, lo que Rosas declino, solo aceptando continuar en el cargo 6 meses más debido al bloqueo francés al puerto porteño. La invasión de Lavalle a la provincia de Buenos Aires, duplicara ese periodo extra. Entre 1838 y 1842, Rosas enfrento una serie de movimientos rebeldes alentados por el primer bloqueo francés. Uno a uno, estos intentos fueron sofocados, mientras que Rosas, en cambio, consolido su autoridad. Los unitarios se había reorganizado y contralaban los gobiernos de Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca. Rosas vio entonces a Lamadrid para reprimir la rebeldía, pero este se unió a los rebeldes. La Coalición del Norte, que también atrajo al gobernador de la Rioja, invadió Córdoba a fines de 1840 y fracasaron en San Luis y Mendoza. Mientras Lavalle invadió Entre Ríos y se dirigió a Merlo, Buenos Aires, esperando el apoyo de esta provincia. Sin embargo la provincia apoyo a Rosas, y Lavalle se retiro hasta Santa Fe, siguiendo luego al norte donde fue derrotado en Córdoba y Tucumán. Se refugió en Jujuy, donde murió. La Coalición del Norte quedaba sepultada, manteniendo solo un enclave triunfante en Corrientes que se volverá a levantar contra Rosas en 1843 y serán vencidos por el nuevo gobernador de Entre Ríos, Urquiza. Los intentos para derrocar a Rosas incluían también los atentados personales. Desde 1849 la situación del país vario notablemente. Con los levantamientos unitarios y los bloqueos anglo-franceses derrotados, el país quedo bajo el control de Rosas. No obstante, este sería el ocaso del rosismo. La búsqueda de un orden institucional del país constituyo la mayor predica de los opositores, desde Alberdi hasta Sarmiento, y Rosas el obstáculo a vencer. El desarrollo de Entre Ríos bajo la gobernación de Urquiza, fue notable y su gobernador fue con los años tanto o más poderoso que el propio Rosas. A fines de 1850, Rosas ordeno a Urquiza terminar con el contrabando desde y hacia Montevideo, afectando la economía entrerriana que no estaba dispuesta a dejar parte de sus ingresos en la aduana de Buenos Aires. Urquiza preparo sus fuerzas negociando con la provincia de  Corrientes y con el Brasil, quien se comprometió a costear la guerra y transportar las tropas en sus buques. La ruptura definitiva será durante un ritual rosista. Cada año Rosas presentaba su renuncia al manejo de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, la que era contestada con una negativa. El primero de mayo de 1852, Urquiza acepta la renuncia de Rosas y asume en nombre de Entre Ríos el derecho de pactar con cualquier nación. Este hecho, conocido como el pronunciamiento, precipito la guerra. Sin embargo, esta vez el ejército de Rosas era débil y el tres de febrero de 1852, la derrota de Rosas en la Batalla de Caseros, lleva a su renuncia. El 16 de febrero de 1852, Urquiza le confisca todas sus propiedades, iniciándose una casería terrorífica de antiguos rosistas. Tras la derrota, Rosas parte al exilio en un buque ingles de guerra y se establece en una granja en las afueras de Southampton, donde crio vacas y animales de granja. En 1859, llegara a Londres su hija Manuelita junto a su esposo Máximo Terrero. Su estado financiero sostenido gracias a la venta de la estancia San Martin y los recursos que unos pocos amigos le enviaban, naufrago con los años y apenas le alcanzaba para las rentas: la austeridad será un tono dominante. Su participación en la política argentina no será relevante, limitándose al intercambio pistolas con viejos y fieles seguidores y a ocasionales intervenciones aconsejando a las nuevas figuras políticas que surgieron en las décadas siguientes. La muerte le llegara el 14 de marzo de 1877, a los 84 años, acompañado por su hija Manuelita y dos nietos. Su entierro será modesto: el féretro exhibirá una bandera argentina y el sable que San Martin le obsequio por la defensa que hizo por la soberanía. En Buenos Aires la noticia no causo revuelo.

En mi opinión, Rosas fue una figura discutida de la historia nacional por un lado no se puede negar que sus fines eran patrióticos mientras por otro, sus métodos tal vez no fueran los más convenientes. Es esta dualidad lo que lo hace discutido. Sin embargo, no dejamos de apreciar su impecable defensa de la soberanía nacional que le fuera reconocida por el padre de la patria, el Gral. San Martin, quien le otorgo su sable. Su gobierno trajo prosperidad y paz en un momento en el que otros modos, tal vez no lo hubieran conseguido. A diferencia de muchos políticos, Rosas llego al poder rico y murió pobre, no dudando jamás de usar su propio dinero para el bien de la patria.